Recuperación tras un ictus: fases, reorganización cerebral y el papel de la neurorrehabilitación
Andrés Velasco
8/4/2025
La recuperación después de un ictus no es un proceso inmediato ni uniforme. El cerebro, al igual que una ciudad tras un terremoto, necesita reorganizarse para volver a funcionar. Este proceso de reorganización cerebral, también conocido como neuroplasticidad, ocurre en diferentes fases y puede ser guiado —e incluso potenciado— por la rehabilitación neurológica.
En esta entrada te explicamos qué ocurre en el cerebro tras un ictus, cómo evoluciona en el tiempo y por qué la rehabilitación es una herramienta fundamental en cada etapa del proceso.
¿Qué es la recuperación espontánea cerebral?
En las primeras semanas tras un ictus, el cerebro activa un proceso de reparación natural, denominado recuperación espontánea. Incluye mecanismos como:
Disminución del edema y de la inflamación.
Reactivación de zonas cerebrales temporalmente inhibidas (diasquisis).
Reconexión de sinapsis dañadas y formación de nuevas rutas neuronales.
Activación de áreas homólogas en el hemisferio opuesto.
Esta recuperación espontánea suele tener su mayor intensidad entre las 2 y 4 semanas, y continúa hasta alrededor de los 3 meses. Durante este periodo, la plasticidad cerebral es especialmente alta, lo que permite mejoras funcionales incluso en ausencia de intervención intensiva.
Sin embargo, la rehabilitación durante esta fase puede marcar la diferencia entre una recuperación desorganizada (compensaciones poco funcionales) y una recuperación guiada hacia patrones más eficaces y duraderos.
Fase aguda: los primeros días
Justo después del ictus, el cerebro sufre una disrupción brusca en la conectividad de sus redes sensoriomotoras. Según Sahrizan et al. (2025), se alteran no solo las áreas directamente dañadas, sino también otras regiones conectadas, incluyendo el hemisferio contrario al de la lesión. A veces, se observa una hiperactivación compensatoria temporal, como si el cerebro intentara mantener el equilibrio usando zonas alternativas.
Sin embargo, esta hiperconectividad inicial no siempre es útil. Es como si, al cortarse una autopista, todo el tráfico pasara por carreteras secundarias sin estar preparadas para ello.
En esta fase, la intervención debe ser precoz pero cuidadosa. Movilizaciones suaves, estimulación sensorial y actividades guiadas pueden prevenir complicaciones (como el desuso o las retracciones) y comenzar a activar las redes necesarias para la recuperación.
Fase subaguda: semanas de reorganización intensa
Durante las semanas siguientes, el cerebro entra en una fase de gran plasticidad. Aquí comienza a reorganizar sus circuitos: activa zonas vecinas a la lesión, áreas premotoras y, en muchos casos, el hemisferio contrario.
Sin embargo, esta reorganización no siempre es beneficiosa. Takeuchi e Izumi (2012) introducen el concepto de plasticidad maladaptativa: cuando el cuerpo encuentra "atajos" para moverse —como usar en exceso el tronco o el lado sano—, puede crear hábitos que, a la larga, limitan la recuperación real del lado afectado.
También puede producirse lo que se conoce como inhibición interhemisférica alterada: el hemisferio sano, al intentar compensar, inhibe la actividad del hemisferio lesionado, dificultando su recuperación.
Esta es una fase crítica para intervenir. Aquí, la rehabilitación debe ser intensiva, repetitiva y específica. Técnicas como la terapia espejo, los ejercicios orientados a tareas y la estimulación cerebral no invasiva pueden modular la plasticidad para favorecer patrones funcionales en lugar de compensatorios.
Fase crónica: más allá de los seis meses
Durante mucho tiempo se pensó que la recuperación tras un ictus se detenía pasados los seis meses. Sin embargo, sabemos que el cerebro sigue siendo plástico incluso en fases crónicas. Según los datos de Sahrizan et al. (2025), aunque parte de la conectividad se estabiliza, siguen presentes mecanismos compensatorios y adaptativos que pueden aprovecharse terapéuticamente.
Grefkes & Fink (2020) también insisten en que incluso en esta etapa, la estimulación cerebral, el entrenamiento funcional y las terapias adaptadas pueden seguir produciendo mejoras.
En esta fase, el enfoque se centra en consolidar lo aprendido, mejorar la automatización de movimientos útiles y prevenir el deterioro por desuso. La motivación, el entorno y la participación activa son fundamentales para mantener los logros y seguir avanzando.
La neurorrehabilitación: una herramienta activa, no pasiva
La rehabilitación no es un mero acompañamiento de la recuperación, sino un agente activo que puede:
Modificar las redes neuronales.
Prevenir compensaciones ineficaces.
Estimular aprendizajes nuevos.
Adaptarse a cada persona según su lesión, edad, nivel funcional y motivación.
Una buena intervención rehabilitadora no solo trabaja con el cuerpo, sino también con el entorno, las emociones y la motivación del paciente.
Recomendaciones clave para pacientes y familias
Comenzar la rehabilitación pronto, pero siempre bajo supervisión profesional
Repetir tareas funcionales y significativas: lo que se usa, se conserva; lo que no, se pierde.
Incluir estimulación cognitiva y emocional: el estado de ánimo influye en la recuperación.
No perder la esperanza: incluso después de muchos meses, el cerebro sigue teniendo capacidad para mejorar.
Referencias bibliográficas
Sahrizan NSA et al. (2025). A systematic review of alterations in sensorimotor networks following stroke: implications for integration and functional outcomes across recovery stages. Front Neurol. 16:1456146. doi:10.3389/fneur.2025.1456146. PMID:40496121; PMCID:PMC12150405.
Artículo completo en PMCGrefkes C, Fink GR (2020). Recovery from stroke: current concepts and future perspectives. Neurol Res Pract. 2:17. doi:10.1186/s42466-020-00060-6. PMID:33324923; PMCID:PMC7650109.
Artículo completo en PMCTakeuchi N, Izumi S (2012). Maladaptive plasticity for motor recovery after stroke: mechanisms and approaches. Neural Plast. 2012:359728. doi:10.1155/2012/359728. PMID:22792492; PMCID:PMC3391905.
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